domingo 13 de septiembre 2026.- Hay un dato que debería interpelarnos como sociedad: casi 4 de cada 10 jóvenes argentinos de entre 25 y 35 años no pueden independizarse de su familia.
No estamos hablando de una decisión personal ni de una cuestión de comodidad. Estamos hablando de jóvenes que trabajan, estudian, se forman, proyectan una familia y quieren construir su propia vida, pero que no pueden acceder a una vivienda ni afrontar el costo de un alquiler.
Según datos del Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda Argentina (OFAVA), cerca de 2,5 millones de jóvenes se encuentran en esta situación. Y hay algo todavía más grave: el 46% de ellos vive, además, en hogares que presentan algún tipo de déficit habitacional.
Es decir, no solamente hay una generación que no puede irse de la casa de sus padres. Hay una parte importante de esa generación que permanece allí en condiciones que tampoco son las adecuadas.
El problema se vuelve todavía más evidente cuando miramos el déficit habitacional entre los hogares jóvenes. El 52% de los hogares encabezados por personas de entre 25 y 34 años presenta algún tipo de déficit, frente al 40% del promedio nacional. Y el hacinamiento alcanza al 29% en esa franja etaria.
Esto no es solamente una crisis de vivienda. Es una crisis de proyecto de vida.
Porque cuando un joven no puede acceder a una vivienda, no solamente se posterga una mudanza. Se posterga la posibilidad de formar una familia, de tener hijos, de establecerse en un barrio, de arraigarse, de construir comunidad.
Y cuando esa situación se prolonga durante años, el problema deja de ser individual y pasa a ser profundamente social.
El lugar donde nacés también condiciona tu futuro
La desigualdad territorial también aparece con enorme claridad.
Mientras en la Ciudad de Buenos Aires el 24% de los jóvenes de entre 25 y 35 años no logró emanciparse, en Tucumán la cifra alcanza el 56%. En Santiago del Estero y Jujuy llega al 53%, en Salta al 52% y en Catamarca al 49%.
Esto demuestra que no todos los argentinos tienen las mismas oportunidades para construir su futuro.
El lugar donde nacemos, la posibilidad de conseguir un trabajo formal, el salario que percibimos y el costo de la vivienda terminan determinando algo tan básico como si podemos o no tener nuestro propio hogar.
Y en términos absolutos, la provincia de Buenos Aires concentra más de un millón de jóvenes que todavía no pudieron independizarse.
No alcanza con hablar de déficit: hay que construir viviendas
Argentina tiene casi 6 millones de hogares con algún tipo de déficit habitacional, el 40,3% del total.
Alrededor de 2 millones necesitan una vivienda nueva y más de 4 millones podrían mejorar su situación mediante ampliaciones, refacciones o acceso adecuado a los servicios básicos.
Pero si incorporamos a los jóvenes que todavía no pudieron formar su propio hogar, la demanda crece: se necesitan aproximadamente 2,5 millones de viviendas nuevas.
Ese número debería ser mucho más que una estadística.
Debería ser una prioridad nacional.
Porque durante demasiado tiempo discutimos la vivienda solamente desde la lógica del mercado, como si acceder a un hogar fuera un bien de lujo y no una condición necesaria para desarrollar una vida digna.
Una sociedad que condena a sus jóvenes a vivir con sus padres hasta los 30, 35 o 40 años no está generando libertad: está generando dependencia.
Y no hay verdadera libertad si una persona puede elegir qué estudiar, dónde trabajar o qué pensar, pero no puede elegir dónde vivir porque su salario no alcanza para pagar un alquiler.
El derecho a tener un hogar
Necesitamos volver a discutir una política habitacional seria, sostenida y federal.
Una política que combine construcción de viviendas, acceso al suelo urbano, crédito accesible, infraestructura, servicios, alquileres posibles y herramientas específicas para los jóvenes y las familias trabajadoras.
No se trata de regalar casas. Se trata de generar las condiciones para que quien trabaja pueda acceder a una vivienda y construir su proyecto de vida.
Y también se trata de recuperar una idea que parece haber quedado olvidada: la vivienda no es solamente una mercancía.
Una casa es un hogar. Es arraigo, Es familia, Es comunidad, Es futuro.
Si queremos que nuestros jóvenes se queden, que formen sus familias, que puedan desarrollarse en sus ciudades y que no tengan que abandonar su provincia en busca de oportunidades, tenemos que garantizar algo tan elemental como la posibilidad de tener un lugar propio.
Porque una Argentina que expulsa a sus jóvenes o los obliga a postergar indefinidamente su independencia es una Argentina que está hipotecando su futuro.
El desafío no es solamente construir 2,5 millones de viviendas. Es construir las condiciones para que millones de argentinos puedan volver a construir un proyecto de vida.