25 DE ENERO 2023
Mariano Arcioni apuntaría a la continuidad. Si bien esquivas respuestas cada vez que es requerido por la prensa, el mandatario provincial ya le confirmó a los más cercanos sus intenciones de continuar otros cuatro años al frente del cargo lectivo más importante de Chubut.
Cimenta sus posibilidades en la buena relación con el gobierno nacional, que al menos por ahora no habría puesto objeciones para que pelee por la reeelección. Asimismo, el plan de revitalización de los salarios estatales es otra espada que blandirá en campaña y en ese contexto, los escasos conflictos con los principales gremios y la ‘paz social’ son argumentos a los que Arcioni seguramente echará a mano. La gestión de la pandemia de COVID-19 es otro punto a favor.
Sin embargo, hay una percepción un tanto pesimista en sectores medios, no involucrados directamente con el Estado, donde se sigue reclamando por viejos asuntos de la provincia, aún sin resolver: el alarmante déficit habitacional, la cada vez más escasa creación de empleo en el ámbito privado y los costos de la estructura política -siempre ascendentes- son algunos de los puntos cuestionables de su segundor mandato.
La primera opción son los sectores disidentes del Partido Justicialista (PJ). Ofendidos con el modelo de gestión del presidente del PJ Chubutense, y bajo la premisa repetida casi de memoria que las divisiones y la falta de unidad del ‘campo nacional y popular’ fortalecen a Juntos por el Cambio (JxC), hoy suenan como potenciales aliados del gobernador en su cruzada electoral.
Pero nada está dicho. Porque el apoyo desde la Casa Rosada puede licuarse si Alberto Fernández queda definitivamente corrido de la contienda electoral, tal como muchos analistas políticos presuponen. Allí será fundamental la presión que sectores ligados al kirchnerismo ‘duro’ y al massismo puedan ejercer si es que Arcioni no termina de convencerlos como la mejor opción de cara a los comicios.