28/04/2025
«Aún estoy aquí» y «100 años de soledad» sumaron tres premios en una edición en la que la situación argentina fue tema recurrente.
Desde Madrid
Finalmente, la XII edición de los Premios Platino dejó un sabor agridulce. Por un lado, hubo una cosecha de premios bastante menos generosa que en galas anteriores: El Jockey, que partía con altas expectativas por sus nueve nominaciones, se llevó el galardón a la «Mejor interpretación masculina de reparto» para Daniel Fanego… y eso fue todo. No hubo festejos para Alemania, Simón de la montaña, Benjamín Vicuña (por Envidiosa) o Reas, las otras producciones argentinas que competían en la ceremonia celebrada el domingo por la noche en Madrid. Pero al mismo tiempo, la situación de la industria audiovisual argentina, el premeditado vaciamiento del gobierno de Javier Milei y sus ataques a la cultura fueron temáticas repetidas y omnipresentes entre todos los asistentes, de múltiples nacionalidades. Y no precisamente en términos elogiosos.
El reparto de Platinos, de todos modos, resultó ecuánime. Aún estoy aquí, la notable película de Walter Salles que viene de ganar el Oscar a la película internacional, se llevó las distinciones a la Dirección, la interpretación protagónica femenina (Fernanda Torres) y la estatuilla mayor, «Mejor película iberoamericana de ficción». 100 años de soledad, la serie de Netflix que se animó a adaptar a Gabriel García Márquez, también sumó tres gracias a «Mejor miniserie o teleserie»; Jairo Camargo y Janer Villareal compartieron el premio a la labor de reparto en miniserie, a la vez que su compañero Claudio Cataño obtuvo el referido al rol protagónico. La infiltrada, film de Arantxa Echeverría sobre el caso real de una policía infiltrada en la ETA que totalizaba once candidaturas, se quedó con las distinciones al guion y al montaje, pero tuvo el consuelo de los premios decididos por el pAsí, los argentinos no pudieron expresar en el escenario todo lo que se meneó entre bastidores, pero en la gala no faltaron expresiones de alto octanaje político. Torres no pudo asistir, pero envió un mensaje íntimamente relacionado con la temática del film: «A través de Eunice Paiva revisité el horror de la dictadura que conocí en mi infancia. Esta gran brasileña, abogada, demócrata y defensora de los derechos humanos nos enseña, en el momento presente, a resistir con alegría y civilidad, sin someternos al autoritarismo. En nombre de la familia Paiva, de Marcelo Paiva, y de todos aquellos que defendieron y defienden el arte y la democracia, repito: ¡Dictadura nunca más!».
El único momento de celebración albiceleste, en tanto, vino impregnado de emoción: visiblemente conmovido, Manu Fanego agradeció el premio póstumo a su padre y a la vez clavó uno de los mejores chistes de la noche, cuando tomó nota de momentos previos en los que un representante se disculpaba por la ausencia del galardonado y arrancó: «Bueno, Daniel tampoco pudo venir…». Un rato después, en una charla aparte con la prensa argentina, señaló que ese era el código de humor que manejaban entre ellos, señaló a El Jockey como una de las performances favoritas de su padre junto a El Angel y recogió el guante de las conversaciones de estos días: «Una de las cosas que quería decir en el discurso es que seguramente él hubiera largado alguna verdad incómoda, como que están vulnerando el arte, la cultura y particularmente el cine en la Argentina, que están reprimiendo a los jubilados una vez por semana».úblico para la película y sus protagonistas, Candela Yuste y Luis Tosar.