4 DE SEPTIEMBRE 2021
El hijo de la vicepresidenta se reconcilió con los jefes sindicales a los que criticó varias veces y con los que intenta reflotar una suerte de pacto social para la pospandemia
Hugo Moyano lo llamaba “Mínimo” hasta hace algunos pocos años. Le decía así de manera despectiva a Máximo Kirchner, con quien cruza hoy mensajes solo a través de su hijo Pablo, el nexo del clan camionero con el kirchnerismo duro. Tal vez se trate de cuestiones generacionales y hasta futboleras. El heredero del líder sindical llegó a acusar públicamente al jefe de La Cámpora de influir en la AFA para que descendiera Independiente, en 2013. Máximo es de Racing, los Moyano son de Independiente. El fútbol les sirvió de atajo para la reconciliación política.
Aliados a la fuerza otra vez desde 2018 para desbancar al macrismo, Máximo y Pablo Moyano cultivaron un vínculo que hoy le sirve al gremialista como credencial de peso para quedarse con una de las tres sillas de mando que se proyectan para la nueva CGT, que surgirá el 11 de noviembre próximo.