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La devastación industrial en tiempos de la dictadura militar

martes 24 de marzo 2026.- El 24 de marzo de 1976 un golpe de estado inauguró el período más oscuro de la historia contemporánea de Argentina. Durante casi ocho años, hasta diciembre de 1983, las Fuerzas Armadas ejercieron el poder mediante el terrorismo de Estado: secuestraron, torturaron y desaparecieron a miles de personas, operaron una red de más de 800 centros clandestinos de detención y robaron a centenares de niños.

Pero la dictadura cívico-militar tuvo un proyecto económica de devastación de la industria nacional. El plan, liderado por José Alfredo Martínez de Hoz, estuvo basado en la liberación de precios, el congelamiento de salarios y los acuerdos con el FMI, el Banco Mundial y los capitales golondrinas, la apertura comercial y desindustrialización.

También buscaba generar «orden» en la economía a través de la apertura de las importaciones, la eliminación de regulaciones en el sistema financiero, deuda externa y promoción de las inversiones en el sector extractivo (petróleo y minería). El resultado, sin embargo, no fue lo que esperaban: las cosas se salieron de rumbo, aumentó el desempleo y la inflación.

Uno de los pilares del programa económico fue la liberalización del sistema financiero. La reforma de 1977 eliminó gran parte de las regulaciones sobre tasas de interés y facilitó el ingreso de capitales externos. Este proceso buscaba modernizar el sistema, pero también generó incentivos para la especulación financiera en detrimento de la producción.

El resultado:

-Se cerraron 20.000 fábricas

-La deuda externa se multiplicó por 6.

-La inflación acumulada durante el 1976 a 1983 fue de 517.000%.

-Aumentó la pobreza del 4,4% en 1975 al 37,4% en 1983.

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El FMI aprobó un crédito internacional de 110 millones de dolares el mismo día del golpe militar, aún cuando las nuevas autoridades no habían sido reconocidas por ningún país en el mundo. Y se estatizó la deuda privada de mas de 70 grandes empresas, entre ellas, el Grupo Macri, Techint, Fiat, Ford, City Bank, IBM, Banco Frances, etc. EL monto, alrededor de 22 mil millones de Dolares.

Del 76 al 83 se impulsó una apertura comercial que redujo aranceles y permitió una mayor entrada de productos importados. Si bien esto contribuyó a contener la inflación en el corto plazo, también afectó a la industria local, que no estaba en condiciones de competir con bienes extranjeros. Como resultado, se produjo un proceso de desindustrialización, con cierre de empresas y pérdida de empleo en sectores manufactureros.

Otro elemento central fue la política cambiaria conocida como la “tablita“. Este esquema preanunciaba la devaluación del tipo de cambio con el objetivo de reducir la inflación y dar previsibilidad a los agentes económicos. Sin embargo, en la práctica generó un atraso cambiario que abarató las importaciones y encareció las exportaciones, profundizando el desequilibrio externo.

Deuda externa

El modelo también promovió un fuerte endeudamiento externo. Durante esos años, la deuda externa argentina creció de manera significativa, pasando de aproximadamente US$8.000 millones en 1976 a más de US$45.000 millones hacia 1983. Este incremento respondió tanto a la necesidad de financiar déficits como al ingreso de capitales privados que luego, en muchos casos, fueron estatizados.

La estatización de la deuda privada en los últimos años del régimen fue uno de los episodios más controvertidos. Empresas que se habían endeudado en el exterior trasladaron sus pasivos al Estado, lo que incrementó la carga sobre las finanzas públicas y condicionó la política económica en la etapa democrática posterior.

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Inflación y salario real

En términos inflacionarios, los resultados fueron mixtos. Si bien hubo períodos de desaceleración, la inflación nunca fue completamente controlada y hacia el final del régimen volvió a acelerarse. La combinación de atraso cambiario, endeudamiento y fragilidad externa derivó en crisis recurrentes, como la de 1981, que obligó a una fuerte devaluación.

El impacto social fue significativo. La caída del salario real, el aumento del desempleo y la mayor desigualdad reflejaron los costos del ajuste. Sectores vinculados a la especulación financiera se beneficiaron del nuevo esquema, mientras que amplias capas de la población vieron deteriorarse sus condiciones de vida.

Desde una perspectiva estructural, el período marcó un cambio en la matriz económica argentina. Se consolidó un patrón más orientado a la valorización financiera que a la producción, con un sistema más expuesto a los flujos de capital internacionales y a la volatilidad externa.

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