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¿Hasta cuándo una calesita sin inclusión?

En pleno corazón de Río Grande, frente a la Plaza Almirante Brown, cientos de niños disfrutan cada semana de la tradicional calesita. Sin embargo, para muchas familias existe una pregunta que sigue sin respuesta: ¿qué pasa con los chicos que utilizan silla de ruedas?

viernes 09 de julio 2026.- Si la calesita no cuenta con una rampa o un acceso adecuado para personas con movilidad reducida, no se trata de un simple detalle de infraestructura. Se trata de una barrera que impide que todos los niños puedan disfrutar de un espacio pensado para la recreación y el encuentro.

Hablar de inclusión no puede quedarse solamente en los discursos o en los actos oficiales. La verdadera inclusión se demuestra con hechos concretos: una rampa, un acceso seguro y un juego adaptado pueden marcar la diferencia entre participar o quedarse mirando desde afuera.

El propio Municipio ha destacado en distintas oportunidades la importancia de desarrollar espacios públicos inclusivos y adaptados para personas con discapacidad. Ese compromiso debería reflejarse también en cada uno de los lugares recreativos de la ciudad.

La pregunta es inevitable: ¿cómo puede ser que una calesita ubicada en uno de los lugares más emblemáticos de Río Grande no garantice el acceso para todos los chicos?

No hablamos de privilegios. Hablamos de igualdad de oportunidades.

Una ciudad moderna no se mide únicamente por las obras que inaugura, sino por la capacidad de pensar en cada vecino. Y cuando un niño en silla de ruedas no puede subir a una calesita como cualquier otro, el mensaje que recibe es que todavía hay ciudadanos de primera y de segunda.

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Ojalá este reclamo no quede en una simple publicación en redes sociales. Ojalá las autoridades recorran el lugar, escuchen a las familias y actúen.

Porque una rampa cuesta mucho menos que la indiferencia.

¿Hasta cuándo habrá chicos mirando la vuelta desde abajo, mientras otros pueden disfrutarla? La inclusión no puede esperar.

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