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CRIPTONEGOCIOS, GRANJAS: CAMAÑO, ROSSI Y LA CONEXIÓN FUEGUINA

¿CUÁNTO ES EL COSTO DE LA LIBERTAD DE MERCADO? ¿EXISTEN CONSECUENCIAS ECONÓMICAS O AMBIENTALES PARA LA SOCIEDAD?

RÍO GRANDE, 18 DE JULIO DEL 2025. – Desde hace años, el nombre Miguel Camaño resuena en el entramado energético de Río Grande. Primero como gerente en la industria de la electrónica, y desde 2017 como una de las piezas clave en el desembarco de CryptoPatagonia, la firma que cambió el rubro por criptomineras. Pero no está solo. A su lado, el exfuncionario Paulino Rossi, abogado y contador, se consolidaría como el impulsor silencioso de las pequeñas granjas cripto, multiplicadas por toda la ciudad. Juntos, aunque desde modelos distintos, representan la cara visible de una industria que hoy arrastra polémicas.

De galpones llenos a vecinos vacíos de sueño

En la calle Echelaine  desde febrero, más de 80 vecinos viven bajo el zumbido de cuatro turbogeneradores que funcionan 24/7. La Cooperativa Eléctrica no dio explicaciones. El Hotel Huemul, frente a la planta, perdió reservas, y los habitantes denuncian fisuras, insomnio, y estrés crónico. En medio de esto, los rumores de “minería cripto” se transformaron en certezas: la planta operada por Camaño aloja más de 1800 máquinas de alto consumo.

CryptoPatagonia: luz barata, deuda cara

La empresa CryptoPatagonia S.A.S., propiedad de la familia Liberman, acumula una deuda superior a los $90 millones con la Cooperativa Eléctrica de Río Grande, según documentos judiciales. A pesar de ello, nunca se le cortó el suministro ni se iniciaron acciones de cobro. En contraste, usuarios residenciales han sufrido cortes por sumas menores. El silencio de la cooperativa, cuya Memoria 2023 ya había alertado sobre contratos sin respaldo y convenios opacos, agrava las sospechas. ¿Cómo se explica este trato preferencial?

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Paulino Rossi: minado para todos

Mientras CryptoPatagonia ocupa galpones industriales, Paulino Rossi da indicios de que multiplicaría pequeñas granjas hogareñas. Con SouthMining Capital, su empresa entendida como familiar, gestionaría instalaciones en donde se lo requiera pudiendo ser galpones, baños químicos, casas sin terminar y oficinas vacías. El modelo es simple y se interpreta: vender equipos, instalarlos y administrar el minado a cambio del 26% de las ganancias. “Desde villas hasta departamentos, en Río Grande todos están minando”, declaró un empresario del sector. ¿Todos? Quizás. ¿Regulados? ¿O no tanto.?

La energía como privilegio

La minería de criptomonedas consumiría cerca del 20% de la energía fueguina. Una provincia aislada, sin conexión al sistema nacional, con usinas viejas, que apenas abastecen a sus dos principales ciudades. Y sin embargo, mientras barrios enteros no pueden crecer por falta de capacidad eléctrica, las criptogranjas reciben energía subsidiada. Pero CryptoPatagonia ya tenía un plan: construir sus propias turbinas. Las mismas que hoy atormentan al barrio San Martín.

¿Y la Cooperativa?

La Cooperativa Eléctrica, en el centro de la tormenta, sigue sin dar respuestas. No informó a los socios sobre la deuda millonaria, ni justificó el suministro preferencial. El veedor del INAES tampoco rindió cuentas. Y todo parece indicar que la complicidad es más profunda de lo que se quiso admitir. Con una denuncia penal en curso, se investigan responsabilidades de Camaño, los directivos cooperativos, y el uso del servicio público para negocios privados.

Conclusión: negocios privados, costos públicos

Desde galpones con 1800 máquinas hasta garajes improvisados por Cryptopatagonia, la minería de criptomonedas creció en Río Grande con subsidios, opacidad y falta de control. Pero mientras algunos acumulan dólares digitales, otros no pueden dormir. La energía no puede ser el privilegio de unos pocos, ni el silencio una estrategia institucional.

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