Ante el brote de hantavirus desatado en la localidad de Epuyén desde el 3 de diciembre, cuando se produjo el deceso de una adolescente de 14 años, y que ya se cobró la vida de nueve personas,  la directora de Programas de Greenpeace Andino, Amanda Starbuck, quien brindó una nueva arista a ser tenida en cuenta a la hora de analizar la aparición de enfermedades con altos niveles de contagio y mortalidad: el cambio climático.

Según la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, este fenómeno se trata de “un cambio de clima atribuido, directa o indirectamente, a la actividad humana, que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables”. La Fundación Vida Silvestre va más allá y también agrega que “un cambio climático puede tornarse peligroso cuando amenaza severamente a las sociedades, sus economías y el mundo natural”.

Consultada, Starbuck no dudo en responder que “el cambio climático puede tener impacto en la propagación de enfermedades como el hantavirus, así como la malaria, el dengue, el zika, o el chagas, que tienen que el mismo tipo de transmisión. El aumento de las temperaturas puede crear un ámbito propicio para la reproducción de los virus.

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