La oferta cayó un 30% en el mercado de Liniers después de las elecciones primarias

En tiempos de recesión y con la inflación en alza luego de la última devaluación del peso, la suba en los precios de la carne modificó los hábitos de consumo de los argentinos. Sin embargo, muchos consumidores prefieren recortar el gasto en otros alimentos antes que resignarse a dejar de comer uno de los platos básicos de la dieta argentina.

«Los argentinos pueden dejar de comprar ropa y otros artículos, pero no dejarán de comprar carne, incluso si se quejan de los precios», dijo Orlando Mamani, que trabaja en una carnicería de un supermercado del barrio de Belgrano. Hubo quejas, pero siguió habiendo clientes.

«Los precios han subido entre un 15% y un 20% desde las PASO. El resultado de la elección fue realmente una sorpresa», indicó Julio Basmagian, un jubilado de 70 años, cuando salía de una carnicería con las compras bajo sus brazos. «La carne para nosotros es muy importante. Es muy inusual que un argentino pase un día sin comer carne de res de una forma u otra. Sin embargo, tengo que recortar otros gastos porque no tengo el presupuesto», agregó.

Que gran parte de la vida social de los argentinos se mueva en torno a los asados de fin de semana, tanto en las familias ricas como en las pobres, es un dato que llama la atención de los medios extranjeros. «La imagen del gaucho, deambulando por las pampas a caballo y cenando asado alrededor del fuego, es parte de la identidad de la nación tanto como el tango, Evita Perón y las crisis financieras», señaló el artículo.