Por primera vez se presenta en la pasarela, la diseñadora fueguina Carla Andrea Escalera con su ropa suprarreciclada. Qué hace y con qué materiales? Conocé sus diseños.

El miedo a que nos tapen los desechos, la conciencia de cuidar la isla para vivir y no solo sobrevivir, para que los mares no se contaminen más y, sobre todo, para incentivar la economía circular. Los motivos que llevaron a la diseñadora fueguina Carla Andrea Escalera a paliar el creciente avance de la basura, eso que se descarta sin pensar su fin. Nació en la ciudad fueguina de Río Grande, en la isla más austral del país, y, preocupada por los efectos no deseados de la producción industrial, decidió convertirlos en ropa, ¿Cómo? Con creatividad y método, su propuesta de diseño se levanta como pancarta que denuncia y se ofrece como alternativa saludable. Ahora se estrena por primera vez en pasarela.

Inicios

Y arrancó a temprana edad, cuando observó un panorama preocupante que condicionó sus principios de diseño. Sus prendas atemporales que recuperan textiles descartados, buscan visibilizar el problema y aportar soluciones en el marco de una economía circular. La colección primavera verano 2020, que presentar en la pasarela Autores de Moda BA, rinde homenaje a Misiones, la tierra natal de su madre. Al vínculo con la naturaleza, la diseñadora suma otro de sus intereses: los oficios y el trabajo manual.

En primera persona

-En las fotos de la campaña de tu última colección, las prendas parecen fundirse con el entorno natural ¿Fue un efecto buscado?

-A esta altura creo que es algo bastante inconsciente. Tengo internalizada mi relación con la naturaleza, es parte de mí. Me propuse reflejar ese vínculo desde el comienzo de mi trabajo

Cómo nació ese interés?

-La Ley de Promoción Industrial del año 1972, creada para promover el desarrollo económico del área, fue cambiando el paisaje. Los desechos que genera la actividad productiva se van quedando en la Isla. El concepto de mi primera colección nació de querer visibilizar el problema. Más adelante me propuse – además de comunicar -ser parte de la solución. Siempre estuve en contacto con la industria textil de Río Grande, provengo de una familia en la que circulan diversos oficios, incluyendo el de la costura. Los descartes textiles estaban disponibles, busqué darle una segunda oportunidad a ese material. Sé que no voy a poder resolverlo en su totalidad por una cuestión de escala, pero al día de hoy sigo trabajando de esta manera.

-¿Qué tipo de material es?

-Principalmente, percal de algodón proveniente de las fábricas de sábanas. Con los recortes más pequeños hago las etiquetas y el packaging. Siempre que puedo, uno módulos para adaptarlos a mi moldería que es amplia y no muy compleja. Al reducir las curvas, se aprovecha mejor el material.

-¿El diseño está determinado por el material disponible?

-Si, creo que además de la intención de reciclar, este modo de trabajo responde a una cuestión económica propia de nuestra época. Podemos hablar de moda sostenible, pero también es cierto que hoy no tenemos los recursos para invertir en el lino que compramos en algún otro momento. Sería una sustentabilidad entendida como un modo de hacer: en nuestro país, en nuestra época y con estos consumidores. Prefiero hablar de desarrollo sostenible y no quedarme en el relato del reciclaje. Tenemos que pensar más en lo que tenemos y en lo que podemos hacer con eso. La economía circular -que considera aspectos ambientales, económicos y sociales- nos beneficia a todos: productores y consumidores.

-¿Cómo comenzaste con los tintes naturales?

-Indagando. Mi mamá se interesó mucho por la flora fueguina, de hecho, investigó y escribió un libro sobre el tema. Ella nació en Misiones y se fue de muy joven a Tierra del Fuego por trabajo. Sueña con volver, dice que le vuelve el alma al cuerpo cuando pisa tierra misionera. Yo retomé ese afán por conocer más, pero lo apliqué a investigar los tintes naturales de mi lugar.

-Siguiendo el vínculo con Misiones ¿Que significa el nombre de tu última colección?

-PY’AGUASU es una palabra de origen guaraní que significa valor. También es el nombre de una canción y un poema muy bonito. Me gusta sonoramente. La colección retoma la conexión con la tierra de mi mamá, donde la naturaleza es selva, exuberancia y tierra colorada. Eso también es parte de mí, de chica viví un tiempo allá. Todos los veranos viajábamos por tierra desde Río Grande a Misiones.

-¿En qué se traduce materialmente?

-La yerba mate es el cultivo más identitario de la provincia, pero la colección alude a la cosecha en general, a cómo se trabaja el suelo en nuestro país. Los materiales y las tipologías remiten a la labor diaria, al acto de poner las manos en la tierra. Estas referencias a la ropa de trabajo se identifican en las camisas – más cortas o más largas-, el mameluco, los cuellos simples y volcados, los bolsillos amplios y los accesorios para guardar herramientas, como las mochilas. La paleta de color proviene de la yerba mate, cuyo tinte que da una amplia gama de verdes y grisáseos, y de la palta (materiales abundantes en la provincia). Empleé descartes de percal de algodón y lo complementé con algodón de la cooperativa chaqueña Inimbó. Las tramas de textura más limpia juegan con las más complejas. Quise usar materia prima de industria nacional.

Eso que se descartó ayer, hoy es ropa ponible, moderna y sustentable.

-¿Vos también ponés manos a la obra?

-El trabajo manual es vital para mí, sé que siempre será así. Seguramente, en el futuro delegaré parte del trabajo, pero nunca voy a dejar de hacer ruedos a mano, de teñir o de desflecar una prenda. Necesito tener contacto con la materia. Llegué a diseño de indumentaria a través del textil. Mis trabajos como estudiante de Bellas Artes siempre terminaban involucrando telas y el cuerpo vestido. Fui aceptando que ese era mi medio de expresión, así que me inscribí en la Escuela Argentina de Moda para estudiar diseño de indumentaria.