La frustrada final de la Copa Libertadores entre River y Boca vivió ayer una jornada de violencia extrema, con una salvaje agresión a los futbolistas “xeneizes” al llegar al Monumental y, luego de una extensa trama de internas y negociaciones, fue postergada, a pesar de la imposición de jugar que quiso plasmar el presidente de FIFA, Gianni Infantino.

 

SIN COMENTARIOS